La paciencia pétrea

La paciencia pétrea

2019 05 21

Leyendo a Pedro Salinas mientras espero que cambien las ruedas delanteras de mi ferrari, puedo leer que “El alma no se acuerda, está sólida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido.”

Entonces, casi sin querer separo un poco el libro de bolsillo y miro mis callos y debajo de la correa del relojazo que calibra mis horas un pequeño tatuaje que me dijeron que decía poesía.

Sigo leyendo y me encuentro palabras tan solemnes como que en una piedra está la paciencia del mundo, que ella no buscó, no quiso volar, no quiso ser bella y sin embargo, perduró.

Afirma rotundamente que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto,

soltar las falsas alas de la prisa,

y derrotar así su propia muerte.

Entonces una llamada me recuerda que tengo que ir a recoger el ferrari, que tengo que ir a dormir, que mis manos son de obrero y mi tobillo de piedra aún con ruedas nuevas (Hoka Mafate Speed2) sigue oxidado y dolorido.

Apartando los ojos de un libro de bolsillo, la realidad vuelve a ser tan dura como pasajera y mi mente que no para quieta, al contrario de la piedra; sigue soñando, volando sin encontrar esa quietud que encuentra el amor, olvidando que, como dice Salinas, en su esencia está la paciencia del mundo…

Supongo que la encuentro mejor en la sonrisa de un niño bajando por un tobogán, en la algarabía de los viejóvenes que sonríen al entrar en cualquier meta que se ponen por delante, en la sorpresa de encontrarse en los mismos sitios a la gente que siempre está a tu lado; supongo que la encuentro cuando dejo el viejo libro de bolsillo y salto al medio del salón a bailar afónico canciones indies de mierda o mientras leo los regalos que mis amigos me hacen llenos de frases turbulentas y súper héroes que libran batallas imposibles de derrotar…

Y sonrío, y con eso me basta para rebatir a Salinas sus versos, mientras abro los ojos y sueño con librar mis batallas con mis nuevas zapas descargando el próximo reto en archivo .GPX para seguir escribiendo que el que no busca y encontró en la piedra su destino pétreo se equivocó. Tan rotundamente como afirma Salinas en sus versos, pero yo poniendo a todo trapo Turnedo de Iván Ferreiro en mi ferrari…

Y volviendo a las palabras escritas: “El alma no se acuerda, está sólida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido.”

¡Mentira!

El alma recuerda todo, pregúntenselo a la demencia de mi padre y mi dentadura podrida os contestará que mi cuerpo se puede moldear para tapar las heridas que no cura el tiempo…

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