Escritos pornográficos de Boris Vian

Escritos pornográficos de Boris Vian
Maid succubus o la doncella súcubo (por defecto en mi mente)

2020 03 12

Termino de leer Escritos pornográficos de Boris Vian tendido en la cama después de una mañana en el trabajo y sonrío. Me masturbo y caigo rendido una hora.

Me despierto con las palabras de su magistral conferencia aún dando vueltas en mi cabeza. Sus poemas no me llamaron tanto la atención. Será por que su conferencia me pareció tan magnífica que esperaba otra cosa más sutil.

El caso es que después de una ducha reponedora y una merienda, enciendo un cigarrillo delante de mi portátil. Quiero saber lo que los expertos han pensado sobre este magnífico discurso.

Abro el buscador y escribo: “analisis de escritos pornograficos de boris vian”, como si un analfabeto se hubiese apoderado de mí en la siesta.

Antes de empezar a leer sus opiniones pienso en escribir a Sofía.

Me da un poco de apuro que sepa que estoy pensando en ella y a la vez leo estas guarradas… Me río para mis adentros. No tiene nada que ver el título con las verdades que dictan las palabras de este autor. Pero aún así pienso que hablarle del tema va en contra de mis intereses. Acaba de divorciarse, está lejos, demasiado ocupada con otras cosas, como para que venga un viejo amigo a hablarle de chorradas. El mal entendido llegaría a su cabeza antes de lo que un rayo electrocuta a un chapuzas que sube al tejado a arreglar su antena un día de tormenta porque la tele dejó de sintonizar cuando su Atleti iniciaba la remontada que le llevaría a los cuartos en la Champion.

Sofía es más para otras cosas. Una charla a la luz de las estrellas y al abrigo del adobe, ha sido vivida con ella y a la vez es un sueño que tengo todos los días. No la puedo usurpar de esos lugares y revolcarla por un mundo lleno de pornografía, no ha lugar.

Desisto la llamada y me centro en la búsqueda: “analisis de escritos pornograficos de boris vian”.

Un viernes cualquiera del verano de 2012, comienza describiendo el artículo; un grupo de compañeras, y algún compañero, se toman unas cañas a la salida del trabajo. Invita una de ellas. Es su cumpleaños. De regalo ha recibido el libro del momento Cincuenta sombras de Grey. En cuanto le quita el papel que lo envuelve empiezan las risas. Lo abren por cualquier página y leen un fragmento: “…Menuda invasión. Floto, con las extremidades desmadejadas y lánguidas, completamente exhausta…”. Vuelven las risas, unas más exageradas que otras. Alguna mira alrededor y dice en alto: “Qué pensarán”, refiriéndose a los que ocupan las otras mesas de la terraza. Tampoco les importa demasiado. Se quitan el libro las unas a las otras y siguen leyendo. Los dos hombres que están con ellas no cogen el libro.

¿Es esa la manera en la que se leen los textos eróticos? ¿En una plaza, rodeados de gente y con la temperatura in crescendo, fruto, únicamente, del caluroso verano madrileño? Tradicionalmente no era la manera de “disfrutar” este género, más unido a lo clandestino, a las listas de libros prohibidos.

Febrero de 2015: se estrena la película basada en el libro de la escena anterior. Más de 78 millones y medio de euros recaudados en todo el mundo el primer fin de semana en la gran pantalla, “casualmente” el de San Valentín, fecha paradigmática en la que se mezcla el amor y el consumo, con permiso del mártir romano.

Entre los dos momentos anteriores, verano de 2012 e invierno de 2015, han ido apareciendo cantidad de publicaciones en las estanterías de las librerías, originales en los despachos de las editoriales, volúmenes apilados sobre las mesas de los periodistas y críticos de suplementos y revistas culturales. Novedades de temática más o menos erótica se acumulan formando torres que bien podrían ser las de un castillo, el de Lacoste del Marqués de Sade o el de Roissy, lugar en el que transcurre Historia de O escrito en 1954 por Pauline Réage seudónimo de Anne Desclos (1907-1998), icono de esta literatura, de la que, ¿se ha producido un repunte?

El deseo es el elemento origen del género erótico

El número de publicaciones es mayor que hace una década, cuando se suspendió el premio de novela erótica La Sonrisa Vertical, una de las referencias de este género. La colección de Tusquets sigue activa a un ritmo de dos o tres publicaciones al año. La editora Ana Estevan, que empezó a trabajar en 1993 con Luis García Berlanga, director y creador del premio, manifiesta que el mercado editorial en este campo siempre ha sido “un péndulo”. Apunta que crece y decrece, pero, de una manera o de otra, se ha mantenido. El boom de los últimos años aparentemente responde al fenómeno que ha supuesto la publicación de la trilogía de E. L. James Cincuenta sombras de Grey (Grijalbo, 2012), con más de seis millones de copias en castellano. El tsunami que supuso su salida ha sido aprovechado por el mercado editorial para buscar novedades y fabricar obras a imagen y semejanza de las muchas sombras y pocas luces de la Bella y la Bestia de este lustro, Anastasia Steele y Christian Grey, protagonistas del best seller.

No solo se ha aprovechado en esos casos. Mayra Montero (La Habana, 1952), ganadora de La sonrisa vertical en el año 2000 con Púrpura profundo, se muestra molesta cuando oye calificar a los libros de James de transgresores. “No los son”, dice mientras admite que se sube al carro de ese resurgir, que en algo les convendrá a los que ya habían escrito erótica hace años. Editores y libreros no pueden negar que ha favorecido el tránsito en las librerías y eso siempre es positivo. Almudena Grandes (Madrid, 1960) está de acuerdo en que hacen bien en aprovecharlo. En su opinión, estas nuevas publicaciones son fruto de la unión de dos factores: el sexo ya no está proscrito, ya no es clandestino, no pertenece únicamente a los hombres; sumado a que las mayores “consumidoras” y compradoras de literatura de ficción son las mujeres. Et voilá!, un nuevo género “que nada tiene que ver con la erótica”, afirma la autora de Las edades de Lulú (Premio La sonrisa vertical 1989), que sostiene que asegurar que los lectores de E.L. James van a leer a Sade es hacer un cálculo equivocado. Sin embargo, comenta con cierta ternura cómo le conmueven las chicas de veintitantos que se le acercan con su primera novela porque se la ha recomendado su madre. “Les pregunto: ‘¿Te estabas leyendo Cincuenta sombras…?’, y no fallo”.

Versionando la máxima de Anaïs Nim (1903-1977), otra clásica referente del género, “cualquier forma de amor que encuentres, vívelo…”, se podría llegar al “cualquier forma de este género que encuentres, vívelo”, porque en los últimos años se han multiplicado las maneras. Y así, con esta excusa, o gracias a ella, Errata Naturae publica Historia del erotismo, de George Bataille, hasta ahora inédita en castellano. Un ensayo que aborda la sexualidad, el deseo, verdadero ingrediente intangible generador de esta temática. El autor defiende una idea contraria a la actual de dar visibilidad al sexo. El hacerlo público lo expone más y lo hace vulnerable a ser sometido a reglas y controlado por el Estado y el capital.

Lejos de Bataille en el tiempo de creación, pero coetánea en cuanto a su publicación en español, está la edición de Mauro Armiño de novelas eróticas de los siglos XVIII y XIX, titulada Los Dominios de Venus. Armiño explica que son la continuación de Cuentos y relatos libertinos (Siruela, 2008), bastante anterior al fenómeno Cincuenta sombras, por tanto, no responde a ninguna tendencia, sino que sigue su línea editorial. Dentro de esta antología se puede destacar La Venus de las pieles, de Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895), el Sade austriaco, ¿qué sería de Grey sin la imaginería creada por estos dos clásicos? Esta novela se reeditó, además, por La sonrisa vertical en 2014, tras ser llevada al cine por Roman Polanski en 2013 y por la que ganó el premio César a la mejor dirección. Lo que causó un reposicionamiento comercial de la colección, ya que del 2013 al 2014 se produjo un incremento del 50% en las ventas, según los datos reportados a la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL).

Alfaguara se une a esta corriente con Lisario o el placer infinito de las mujeres, de la escritora italiana Antonella Cilento, que aborda a la protagonista desde su dimensión sexual. Cátedra, también coge esta ola, ya que publicó hace seis meses Culturas del erotismo en España, 1898-1939, de la profesora de la Universidad de California (UCLA) Maite Zubiaurre. Una enciclopedia tanto de textos como de imágenes que muestran el género sicalíptico de principios del siglo XX. Reino de Cordelia ha sacado Un paraíso después del paraíso (Y otros 9 relatos eróticos), un compendio de 10 historias, las finalistas de un nuevo premio de literatura erótica del que ya se está preparando una segunda edición. El premio Válgame Dios cuenta entre sus impulsores con José Luis García Berlanga, hijo del director de cine, que inevitablemente hace que se asocie a La sonrisa vertical aunque no tienen ninguna vinculación, y como dice el propio Berlanga hijo, él no es el erotómano que era su padre, que hizo de esto una de sus pasiones. Reino de Cordelia, con este libro, sigue una línea que ya se estaba construyendo al publicar en 2012 Los 120 días de Sodoma, el catálogo de perversiones del Marqués de Sade, ilustrado por los explícitos dibujos de Miguel Ángel Martín; y en 2013 editó La mujer y el Pelele, otro de los clásicos del erotismo con más de un siglo de antigüedad, de Pierre Louÿs. Por su parte, Rey Lear, su sello hermano, acaba de rescatar los Escritos pornográficos de Boris Vian.

Berlanga decía que el erotismo es la pornografía vestida de Chanel. Las novedades del género no lo son tanto, muchas son reediciones o traducciones. Las que realmente son de nueva creación, salvo excepciones como la novela de Cilento, no buscan un exclusivo Chanel. No son transgresoras, al contrario, son demasiado convencionales: novelas románticas salpicadas de escenas de sexo explícito cuya innovación no va más allá de meter al lector en el cuarto y no dejarle fuera como antaño. Exactamente igual que en series y películas donde los personajes ya han dejado de tener las sábanas convenientemente colocadas entre axila y axila, pero sin exagerar, que tampoco se muestran excesivos pubis, en todo caso, alguno de mujer. Más que alta costura se busca ropa low cost, asequible para todos los públicos.

En palabras de Almudena Grandes: “La literatura erótica murió de éxito a finales del siglo XX, y esa es la mejor manera de morir. Lo que hay que hacer ahora es bailar sobre su tumba”.

NOVEDADES Y REEDICIONES

Historia del erotismo. Georges Bataille. Errata naturae. Madrid, 2015. 208 páginas. 18 euros.
Los dominios de Venus. Antología de novelas eróticas (siglos XVIII-XIX). Madrid, 2015. 820 páginas. 36 euros.
La Venus de las pieles. Leopold von Sacher-Masoch. Tusquets. Barcelona, 2014. 208 páginas. 12 euros.
Lisario o el placer infinito de las mujeres. Antonella Cilento. Alfaguara. Madrid, 2015. 226 páginas. 18,90 euros.
Culturas del erotismo en España, 1898-1939.
 Maite Zubiaurre. Cátedra. Madrid, 2014. 420 páginas. 25 euros.
Un paraíso después del paraíso.(Y otros 9 relatos eróticos). Varios autores. Reino de Cordelia. Madrid, 2014. 240 páginas. 13,95 euros.
Escritos pornográficos. Boris Vian. Rey Lear. Madrid, 2015. 128 páginas. 16 euros

(Puede descargarse las primeras páginas de algunas de estas publicaciones).

Esto decía el suplemento de El País, Babelia, justo cinco años antes.

Mi primera impresión es de repulsa. Repulsa clara por poner a Sade y Vian al lado cuando éste último crítica obscenamente al citado marqués en repetidas ocasiones.

Lo de incluir a las Cincuenta sombras de Grey como título de literatura erótica… He tenido experiencias contrarias en ese aspecto, una me hace deber una cama que rompí en Sevilla al escenificar capítulos de la misma, atado a una cabecera. La versión cinematográfica es aún más denigrante, la amante me invitó a salir del cine por mis ronquidos en el estreno un catorce de febrero, motivo más que suficiente para no adentrarme en sus voluptuosas carnes, hinchadas de adulterio.

¡Venga siguiente acto! Voy a leer opiniones de otros lectores que se hayan acercado a este texto. ¡Qué Amazon me salve de críticos universitarios y doctos en materias como el celibato!:

  • A pesar del inusual título, quise leerlo por ya conocer algunos escritos de Boris Vian. Escritos pornográficos es simplemente una discusión, a mi parecer bastante crítica y argumentada —y que se presenta en modo de ensayo— sobre qué es literatura erótica, cuál es su importancia para el ser humano, y cuál es su influencia dentro de la sociedad.

    Tiene algunos párrafos un poco pesados, y a los minicuentos del final no les encontré gran interés, pero plantea reflexiones sobre el amor y el erotismo que me parecen aún válidas, sobre todo en su análisis sobre el porqué es tan peligroso inhibirlos, llevando a fortalecer a sus antagonistas: el sadismo, el odio y la guerra
  • El 11 de junio de 1948 abrió un club de jazz en París: el Club Saint-Germain. Tres días después Boris Vian dará allí la conferencia que abre este librito: Sobre la utilidad de la literatura erótica. En esta edición no figura el año de la conferencia ni dónde se dió. Leyendo la conferencia me río a carcajadas, por la candidez, el sentido del humor, y el hippismo pacifista y sexual de Vian. Una lástima que la mayoría de los textos que menciona positivamente son difíciles de conseguir
  • Este libro (formato electrónico) ilustrado de Boris Vian contiene un extenso prólogo sobre “la importancia de una literatura erótica”, varias poesías y una adaptación de Drácula (Dréncula), que narra un encuentro sádico entre un joven y un súcubo. La primera parte, descrita como una teoría, práctica y utilidad de una literatura erótica es la mejor del libro; se trata de la adaptación de una conferencia dictada por este autor francés. Para acercarse a una definición de este tipo de literatura, hace un recuento histórico y analiza varios autores y tendencias estilísticas, narrativas y filosóficas. Ubica a Sade como un escritor mediocre que abusa de la palabra “voluptuosidad” y provoca más repugnancia que morbo; a la vez que exalta las cualidades pasionales de D.H. Lawrence o Hemingway.

    Define a la literatura erótica como aquella capaz de despertar el deseo de amar de forma física y carnal, indica: “Los adultos necesitan una literatura erótica tanto como los niños necesitan los cuentos de hadas, a modo de alivio contra la fuerza opresora de las convenciones”. Dice que no hay literatura erótica o toda literatura puede ser conocida como tal; porque “la obscenidad no puede encontrarse en ningún libro, ni en ningún cuadro, siempre ha sido una cualidad de la mente de quien lee o mira”.

    Siguen a continuación varias poesías divertidas y sensuales en donde el autor demuestra toda su capacidad en este tipo de literatura. Para finalizar, el cuento “Dréncula”, narrado a manera de diario y ambientado en los Cárpatos igual que la novela de Bram Stoker, cuenta un encuentro sexual y sádico entre el visitante del castillo y un súcubo (Demonio que bajo la apariencia de mujer mantiene relaciones sexuales con un hombre.) que se transforma de hembra a macho y viceversa, para disfrutar todos los caminos del placer antes de fundirse en el fatal orgasmo que termina con la vida del humano. Un cuento morboso y entretenido.
  • Una chiquillada estéril que intenta provocar menospreciando a Sade o a Miller y enarbolando pepinos rojos. Ni con la amabilidad con la que se debe tratar los textos de otra época resulta algo más que un espárrago pocho. Sor Inés de la Cruz le podía haber dado un par de lecciones sobre erotismo.

Para gustos los colores está claro, pero tengo alguna sospecha de que el último comentario está lleno de una vida plena de insatisfacciones personales y amor deshumanizado. Es decir, un ser común, bastante vanidoso y orgulloso de sí mismo, a pesar de su “espárrago pocho”. En resumen, un putero casado y con dos hijas a las que adoctrina en la castidad y el recato en las apariencias.

Me quedo con la segunda y tercera valoraciones.

“Una cualidad de la mente de quien lee” ese es, a mi humilde entender; el quid de la cuestión.

El mal educado en temas de sexo leerá obscenidades donde leé coño o pepino rojo. El sádico verá a Sade como el amigo que nunca tuvo, con el que compartir alguna de sus “chiquilladas” (entiéndase que ésto de chiquilladas es un sarcasmo). El médico salido de una operación de fimosis a un quinceañero leerá vulva y quizás encuentre un cáncer. El friki verá a su doncella succubus con enormes oppais deleitando sus mejores sueños eróticos (pixelados en la red)… Millones de ejemplos… Iba a escribir: uno por cada habitante del planeta Tierra; pero antes de la erótica están otros asuntos más primarios aún que el sexo ¿o no? Lo dejo a su interpretación.

El caso es que sigo pinchando en los enlaces que me encontré en mi búsqueda y encuentro un listado de literatura erótica por un lado, cuyos títulos he recogido en mi cuaderno (por si acaso) como posible entretenimiento para el verano y en un lugar gramaticalmente radical , con la esperanza de encontrar ese punto de vista compartido. Sólo encuentro lo de otros muchos en los que ojeé y pasé de largo, pero con más detalles bibliográficos.

No estoy interesado en la vida de Boris Vian, a mi entender y de manera muy gráfica, me parece un niño mimado liberal y bien educado (docto y letrado), con mucho tiempo libre y medios para disfrutarlo pero que tuvo la bondad de decir la verdad, sin politizarla y recayó en él un castigo (a mi modo de ver injusto) por sus “extravagancias” y excesos.

Volviendo a Sofía… Las apariencias de un hombre excesivo no tienen porque guardar un fiel reflejo con su realidad. Quizás ella también esté buscando el momento apropiado para mandarme un guiño que lleve a la “segunda base” (usando tópicos americanos). Pero no es el momento de hablar con Sofía, ahora mismo la vestiría de maid (doncellita) y me pondría a ver una peli porno a su elección… Pero como ya he dicho, no nos pilla en buen momento. Mejor sigo buscando a alguien convencido de que la erótica es una lección de primero de la ESO (en mi caso de párvulos, fui pionero en Santa Catalina con eso de los besos).

La erótica no se debe esconder, esconded las armas, la violencia, al asesino e informad de la pareja que a pesar de ser mileurista han decidido ser padres y dejar de fumar los dos para ahorrar un poquito para cuando su niña sea mayor pueda viajar a Roma y enamorarse como les ocurrió a sus padres hace ahora catorce años en un viaje con el colegio público en el que estudiaban.

No vende la verdad a secas.

Vende la confrontación, el escándalo barrio-bajero, el político corrupto, la violencia gratuita, el bullying que interesa, La Manada y cien mil mamarrachos más (99,999 en telecinco) que ven los niños y como esponjas que son y sin criterio aún asentado, ven como “lo normal” y así luego pegan a sus padres en un ataque de ira por no comprarles la última consola o a amenazan a sus profesores en la escuela o insultan al médico que intenta salvar su vida o pegan entre cinco al morenito que intentó quitar la novia a uno…

Eso vende. Lo erótico mal entendido también… La pornografía es un arte al alcance de pocos y no depende del tamaño de unas oppais o de un pepino rojo… Pero estando ya tan corruptos como los que nos corrompen es difícil (imposible) verlo. Leerlo es de cobardes y pajilleros.

Dicho en palabras del propio Boris, amigo mío:

« he tratado de contar a la gente historias que no habían leído jamás. Chorrada pura, doble chorrada, no aman más que lo que ya conocen…en fin, he contado mis amores en una primera novela, mi educación en la segunda, mi gonorrea en una tercera, mi vida militar en la cuarta; he hablado de temas de los que ignoro absolutamente todo. En eso reside la verdadera honestidad intelectual. No se puede traicionar un tema cuando no hay tema , o cuando éste no es real». (cambia novela por post en mi blog y salen más “temas”).

Para ti Sofía (Philo-sofía)

Siempre tuyo, Ángel.

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