Las servilletas de los bares sirven para algo más…

 Las servilletas de los bares sirven para algo más… Claudio Rodríguez poeta zamorano

2019 03 04

Hubo un tiempo en que esto se llamó: Las servilletas de los bares sirven para algo más…

Eran tiempos en los que se leía en los bares con el cenicero rebosante de colillas y filtros de cartón.

Eran tiempos en los que un anillo aromático te atrapaba al entrar en un garito de los buenos y por acto reflejo saludabas al camarero sonriendo.

Conocí más buena gente allí en un día pelado de frío en invierno que ahora en una terraza de verano que sólo se usa para el postureo… ¡Malditos domingueros!

La intimidad entre la algarabía te enfundaba en una nebulosa que sólo un amigo de verdad se atrevía a profanar. El gentío respetaba un libro abierto, un cuaderno de notas, una mirada perdida…

En aquellos tiempos no había móviles y los mortales seguíamos vivos. O hablabas con el de al lado o leías un libro o te morías del asco y te ibas para casa…

Tengo que resaltar que tampoco había televisión y pocos ahora quedan como aquellos…

No tenían horario, tú no madrugabas demasiado de aquellas y cuando llegabas estaban abiertos… Ese día te daba por no comer más que cebada y liarte un rato y echabas la pocha que se juntaba con el quinito y a las dos de la mañana de un martes te echaban para casa por no hacerte un monumento y tú te ibas tan contento…

Pero había días extraños, silenciosos, mágicos…

¡Había una niña (Ana creo que se llamaba) que sólo tenía ojos! Después de quedarme obnubilado un buen rato cuando entraba, arrancaba una servilleta y plasmaba un garabato con ilusiones que no serían nunca profanadas…

Ayer la vi en una de esas terrazas de postureo que se multiplican con los primeros rayos de la primavera adelantada. Yo sentado en un portal de al lado con una amiga camarera de las de antaño.

La corté de lo que estábamos hablando y la dije:

– Esa tiene más poesías que tú, ahí donde la ves morenaza…

– ¡Pero si es un búho!

– ¡Lo que hacen los opiaceos!

2020 01 17

Hoy sale esta noticia en el periódico local y me recuerda aquellos años de mozo en que mi casa era cualquier bar no demasiado iluminado y en mi mochila iban los apuntes que rara vez desempolvaba. Prefería las servilletas de aquellos bares y mirar con el rabillo del ojo o sin disimular (porque antaño la vergüenza era tener vergüenza) a los habitantes de aquellos bares.

Siempre he tenido querencia heterosexual y las señoritas con aire bohemio o cierta rebeldía llamaban la atención de mi boli y sin escuchar la canción de fondo, me hacía con su nombre al cabo de dos rondas y algún pitillo de la risa y la escribía unos versos como quien se toma un tequila a palo seco a las tres de la tarde.

Mi sonrisa era permanente y mi labia sin maldad acariciaba las pupilas hoy, al otro su figura esbelta, al otro su cabello moreno y al final si tenía suerte y bebíamos y fumábamos suficiente acabamos besándonos antes de cruzar el umbral de la puerta del bar que nos vio nacer…

De muchas servilletas no he sabido nunca más, otras las hicieron suyas y me retuvieron cierto tiempo, otras ni siquiera me acuerdo de su rostro y alguna que otra retengo en mi particular archivo.

Tendré que ir a ver la exposición de este poeta, que empezó como yo, escribiendo en los bares humeantes y llenos de olores familiares. Zamorano que nos dejó el pasado siglo y que ahora le rinden homenaje.

Yo le rendiré el mío propio, paseando hasta la biblioteca, pasando de largo por uno de aquellos bares que vieron como escribía (Vacceo) y ahora se han convertido en modernos gastro-bares y parándome quizás en otro cercano en el que han instalado una terraza cerrada donde los fumadores podemos dar rienda suelta a la pasión de mirar de reojo a una muchacha joven y hacerla reina de la geografía de una de esas maravillosas servilletas de los bares, cerrando uno de los poemarios de Claudio Rodríguez, viendo sus andares y celebrando que por la poesía no pasa el tiempo y las cicatrices de mi primer amor (Esther de mi corazón) se siguen curando.

2 pensamientos en “Las servilletas de los bares sirven para algo más…

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