Plastilina con color

Plastilina con color

2019 12 01

He tenido la gran ocurrencia de dejarme llevar unos minutos por el romanticismo.

Los Vengadores o Kill Bill me hubieran saturado la cabeza. Entonces, dejando mis libros de la biblioteca a un lado y sin cambiar mi posición demasiado en el sofá, zapeando; el final de Love Actually…

Yo que tenía que estar borracho como una cuba en el Intro Music Festival, gastando Julios, petando la cabeza de cualquier desconocido/a con mis añoranzas de LOL en la barra o bailando solo, apartado del tumulto Miss Cafeína a mis anchas con un copazo de la mano… No.

Me paro en el final de Love Actually y sonrío ingenuo frente al televisor.

Termina, me pongo un tazón de leche bien frío y mojo unas campurrianas antes de vomitar (o lo que es lo mismo, escribir esto).

Que pena no tener claro una faceta tan importante como: A quién se ama por encima de todo y de todos.

Ahora mismo estoy entre María y Alba, pero aparecen Julio, Adrián y Gabriel y empiezan las dudas…

No en serio, alguien diferente a la familia de sangre y elegida.

Amar temprano, despertando en la misma almohada, preparando un café para dos y haciendo la cama para que se vaya poniendo más guapa… Tiene que ser maravilloso. Mis letras ya no hablan de eso porque no tienen cabida en una vida llena de complejos, de sin sabores y de dificultades. Uno ya está viejo para volverse a enamorar, pero puedo asegurar que sigo enamorado de parte de mi pasado.

Hoy me ha salido el nombre más bonito del mundo al ver el final de esa película tan cursi para un tipo con tatuaje en el cuello. Casi lloro, pero he sonreído y he estado a punto de mandarla un mensaje… A estas alturas de nuestras vidas y a estas horas lo leería y lo borraría y con ello igual perdería la poca amistad que nos une en la distancia.

Mejor recordarla, es maravillosa como recuerdo y más como esperanza, porque en realidad no hubo nada entre nosotros. Unos besos, llantos adolescentes y no se supo más nada de ellos… Todo se evaporó. Lo efímero de la pubertad aflora ahora como si de un tatuaje mágico se tratara. Han bastado unos minutos de una película que en su día me desgarró el alma y me hizo llorar y ahora, sin esperanzas y con la facilidad (al alcance de la mano) de ponerme en contacto con ella en un par de clics, como si nada; hacerla papilla un sábado por la noche o simplemente dar que hablar para nada…

Pero en eso consiste el amor, en mi caso, en cagarla. A los hechos me remito, llevaré como veinte relaciones que no han llegado a casi nada en mis últimos diez años. Esperanzador, sin duda. Si vives en el país de las oportunidades fracasadas, en mi mundo es bastante apocalíptico.

Pero el caso es que me siento afortunado por poder pensar así de alguien. Salvo contados personajes en mi vida, pocos me harían llorar ahora mismo. Los cuento con los dedos de las dos manos, dedo arriba dedo abajo. Me encantaría que algún día lo supiera, supongo que me dará el aire y un día a horas intempestivas la mandaré un mensaje o me presentaré en la puerta de su casa y le contaré lo que estas ridículas palabras sin sentido iban encaminadas a ella, sólo y únicamente a ella.

Una morena que nunca se desnudó ante mí, una mujer… No puedo ni quiero describirla, no sea que alguien la reconozca. No me acuerdo de sus besos, los supongo tiernos, largos y suaves… Y sigo sonriendo…

Creo que no voy a volver a ver en la vida ninguna cursilería como Love Actually, seguiré leyendo poesía hasta que mis ojos se apaguen, ojalá sueñe con ella y me despierte mañana con un mensaje suyo…

Sé que soy yo, no pasa nada, igual dentro de unos años, cuando los dos hayamos madurado algunas heridas del pasado… Gracias, a mi también me has hecho sonreír.”

Esto me pasa por no estar borracho… Igual la presencia hoy de Iván Ferreiro en Valladolid tiene la culpa de todo. Siento no haber podido ir, prefiero bailar sólo en el salón de mi casa y que no me vean ojos que no entienden del placer que yo respiro por las letras de tus canciones.

CASA DE TÍTERES

Hay un pedazo tuyo a cuestas

que nunca descubres

golpes y cicatrices que has dejado

en otros.

Vives ufano.

Habitas una desolada casa de títeres

jugando al azar

sin comprender que la vida

nunca gana

ni pierde.

Página 422 en Todos han muerto de José Barroeta

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