Arder mientras el hielo

Arder mientras el hielo

Arder mientras el hielo

corroe las pestañas.

Crecer en la aridez salina

con la hermosura de una flor.

Esclarecer entre la espesa niebla

la pálida belleza de un ángel.

Encender la débil luz de una vela

en la tormentosa noche desértica.

Imploré, recé, creí en la Trinidad

el día en que en tus ojos

vi dibujado mi destino.

Aplacar la sangría

Aplacar la sangría

2019 05 20

Hay que frenar la sangría que deja el día a día y aplazar planes poderosos. Hay que rendirse al trabajo y aplacar las ganas de salir de casa, por lo menos hasta después del verano.

No pasa nada, se dice; todo el mundo lo hace…

Habrá que aprovechar para desinfectar esos rincones tan utilizados y quizás sin hacer el amor, más que a uno mismo, volcar todo el esfuerzo en lo fijo (que no estancado).

La sonrisa no va a desaparecer por no visitar lugares vírgenes… Quizás entre las pelusas que se ceban en las esquinas de mi casa polinizada por sus ventanas abiertas, esté el lugar donde encuentre las palabras que aún no te he dicho.

Hay demasiados libros esperando su momento, hay muchos blogs que aún no sigo, hay muchos kilómetros que recorrer en mi rodillo… Quizás mi Instagram se vea resentido o simplemente aparezca más naturaleza muerta… ¿Qué se yo?

Pero hay que frenar la sangría que deja el día a día para poder llegar a los sueños que me surgen cada día con el cuerpo menos dolorido…

Antes dedicaba un segundo a

Antes dedicaba un segundo a

Antes dedicaba un segundo a
litigar conmigo mismo.
Inmediatamente acordaba tregua y
caía en el letargo, asfixiado por
impulsos incontrolables…

Agonizaba entre las sábanas,
haciendo del descanso un verdadero infierno…
Entonces te invité a una cerveza,
te reíste de mi tatuaje y acordaste
nublar mis litigios, mis infiernos…

Ahora cuando caigo en el letargo,
la noche es estrellada;
donde las paredes me acorralaban,
encuentro paraísos con playas y acantilados
donde zarpar hasta esas sábanas…
que nunca he sabido describir.

Sólo es un momento,
donde me abandono y descanso.
Noches donde la luna es compartida
a miles de kilómetros,
azules cielos donde vuelo a tu lado con
zapatos nuevos de lunares verdes.

Angustia brumosa y gris que colorea la realidad,
haciéndola potable; a pesar de la distancia.